La detención de Maduro y la soberanía en Cuba y en Venezuela
Tanto en Venezuela como en Cuba, la residencia de la soberanía en el pueblo es una deuda pendiente.
El pasado 3 de enero el dictador Nicolás Maduro fue apresado por fuerzas norteamericanas y trasladado a Nueva York para ser juzgado por delitos graves relacionados con drogas y armas. Ante el hecho, las autoridades cubanas iniciaron una campaña propagandística para encubrir la ilegitimidad del Gobierno de Maduro y culpar a EEUU de violar la soberanía de los pueblos.
¿Qué se entiende por soberanía?
Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe (1513) definió este concepto como principal resorte para gobernar. Jean Bodin, en Los seis libros de la República (1576), lo definió como poder máximo para imponer leyes que tiene el soberano. Juan Altusio, en Análisis sistemático de la política (1603), introdujo el concepto de soberanía popular como patrimonio colectivo que reside en el pueblo. Thomas Hobbes, en Leviatán (1651), expuso que de la guerra de todos contra todos, que caracterizaba al estado de naturaleza originario, se salía a través de un contrato en el que los individuos, renunciando a sus derechos y libertades, transfieren la soberanía al monarca. Carlos Luis de Secondat (barón de Montesquieu), en El espíritu de las leyes (1748), planteó que donde el pueblo, o una parte del pueblo, tiene el poder soberano es una república, y expuso la teoría liberal de la división de poderes públicos, como base de las repúblicas modernas y de las democracias. Y Jean-Jacques Rousseau, en El contrato social o principios del derecho político (1762) explicó que de la unión de las personas para defender y proteger sus bienes emana una voluntad general, convertida en poder, que se denomina soberanía.
De la lectura de estos pensadores se concluye que el concepto de soberanía se refiere al poder y que el mismo, en el desarrollo social, evolucionó del monarca al poder del pueblo, el cual tomó cuerpo en las constituciones modernas desde la Declaración de Independencia de EEUU (1776), pasando por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789), hasta los actuales textos constitucionales. Así, la soberanía como poder del pueblo (soberanía popular), se erigió como concepto clave de la política y del derecho mediante la participación del pueblo en la elección libre de sus dirigentes, el control efectivo sobre los elegidos, la separación de los poderes públicos y las libertades fundamentales (expresión, reunión y asociación, entre otras).
Los conceptos, como vemos, condensan las características esenciales de los objetos y fenómenos en desarrollo en unidades de conocimiento. Si las características de un objeto o fenómeno se niegan para atribuirle propiedades ajenas, se infringen las reglas de la definición y el concepto pierde su valor.
La soberanía en Cuba
En la reunión virtual (septiembre de 2021) con los delegados municipales del Poder Popular, el presidente Miguel Díaz-Canel dijo: "En Cuba se trabaja con la unidad de poderes a través de órganos que tienen funciones diferentes, porque el concepto de poder que se usa aquí en Cuba, en la revolución cubana, es el concepto de poder popular, que está subordinado o se construye, ¿con qué?, con el concepto de soberanía popular. ¿Y cuándo hay soberanía popular? Cuando todo está en función del soberano. ¿Y quién es el soberano? El pueblo".
Hablar de soberanía como "unidad de poderes", no solo niega la historia del concepto, sino también al mismo Fidel Castro, que incumplió lo que había dicho en el juicio por el asalto al cuartel Moncada: "Es un principio elemental de derecho público que no existe la constitucionalidad allí donde el Poder Constituyente y el Poder Legislativo residen en el mismo organismo". Y añadió entonces: "En esta filosofía se alimentó nuestro pensamiento político y constitucional que fue desarrollándose desde la primera Constitución de Guáimaro hasta la de 1940". En esos preceptos legales se sustentaron las elecciones democráticas celebradas hasta 1948 y la resistencia contra el golpe de Estado de 1952.
El 8 de enero de 1959, Fidel Castro aseguró que se iban a convocar elecciones en el "más breve plazo de tiempo posible". Sin embargo, el 7 de febrero de ese año, en violación de un atributo esencial de la soberanía popular, la Constitución de 1940 fue sustituida por la Ley Fundamental del Estado Cubano. En virtud de esa sustitución el Consejo de Ministros asumió las funciones del Poder Legislativo y, concentrando todo el poder, implantó un sistema totalitario.
La Constitución vigente, la de 2019, declara: "En la República de Cuba la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado". Pero le sigue esta acotación: "la misma se ejerce directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan". De ello resulta que no es en el pueblo, sino en las asambleas, donde reside la soberanía. A ello hay que añadir, que salvo a nivel de circunscripción, los delegados a esas asambleas no son seleccionados por el pueblo, sino por comisiones de candidatura designadas por el Partido Comunista, a su vez, refrendado en la Constitución como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Esas comisiones tienen la potestad legal de designar a la mitad de los candidatos a delegados, aunque estos no hayan sido electos por el pueblo. De la soberanía popular solo quedó la cáscara.
En Cuba, la residencia de la soberanía en el pueblo, además de una necesidad es una deuda pendiente con nuestra historia constitucional, y particularmente con los delegados cubanos a las asambleas constituyentes de Guáimaro, Jimaguayú, la Yaya, la de 1901 y la de 1940.
Volviendo a Venezuela
La soberanía en Venezuela corrió la misma suerte que en Cuba. Tres ejemplos lo demuestran:
- Tras la muerte de Chávez, en las elecciones presidenciales de 2013, la Comisión Nacional Electoral (CNN), declaró a Maduro vencedor frente a Enrique Capriles (50, 61% contra 49,12%). La solicitud de una revisión de las actas electorales ante el CNE y el Tribunal Supremo de Justicia —ambos controlados por el chavismo—, fue rechazada.
- En enero de 2019 Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, fue elegido presidente interino de Venezuela, reconocido por más de 50 países y por la OEA, pero Maduro maniobró hasta que en 2020 logró desplazar a Guaidó.
- En las elecciones presidenciales de 2024, la CNE, sin presentar las actas, anunció la victoria de Maduro, mientras la oposición presentó copias obtenidas en los colegios electorales demostrativas de que Edmundo González se impuso con el 67,04% de los votos. Pese a ese resultado, reconocido por más de 30 países, Maduro, contra la voluntad y soberanía de los venezolanos, decidió mantenerse por la fuerza como presidente ilegítimo.
Una de las consecuencias más negativas de la pérdida de la soberanía popular es que en los países totalitarios, donde el Estado tiene supremacía sobre las cosas y las personas, se pierde el interés individual por los resultados del trabajo, y en consecuencia florece la ineficiencia productiva, fuente de la pobreza y de la miseria en que se encuentran cubanos y venezolanos.
La salida de esa crítica situación requiere, entre otras medidas estructurales, el restablecimiento de la soberanía popular, de los derechos y libertades fundamentales que sostiene la creación de riquezas. En el caso de Cuba, para no continuar dependiendo de subvenciones a cambio de la defensa de dictadores como Nicolás Maduro y de las peores causas del mundo, con las dolorosas consecuencias de pérdidas de vidas de cubanos.

