La esclavitud moderna en la encrucijada: una cascada de reveses para el Gobierno cubano
Aunque el Gobierno cubano insista en parasitar con la explotación de los profesionales de la salud, el terremoto que comenzó en Más Médicos marcó un antes y un después.
En 2013 Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, implementó el programa Más Médicos. En 2018 el presidente Jair Bolsonaro puso tres condiciones para continuar dicho programa: que los galenos cubanos pudieran viajar acompañados de su familia, que Brasil pudiera pagarles directamente el salario íntegro, y que revalidaran sus títulos. La respuesta del Gobierno de Cuba fue la amenaza de retirada inmediata.
En dos oportunidades anteriores a 2018 el programa estuvo a punto de clausurarse. La primera en el año 2015, cuando La Habana amenazó con la retirada para presionar un cambio en el contrato, referido a que los familiares que iban de visita temporal se vieran obligados a regresar a la Isla. La segunda en 2018, cuando el presidente Michel Temer amenazó con dejar de pagar por los médicos si Cuba no honraba la deuda contraída con su país para la ampliación del puerto de Mariel. En ambos casos las autoridades brasileras cedieron a las exigencias cubanas, lo cual parece haber conducido a la convicción de que Brasil nuevamente cedería. Sin embargo, Bolsonaro no cedió. Mientras, el diferendo puso en evidencia que dichas misiones eran una forma de esclavitud moderna. ¿Por qué?, pues por las siguientes razones:
- Porque si los médicos cubanos —como aseguraba la propaganda oficial— estaban "identificados con los principios revolucionarios", no había razón para prohibirles que viajaran con sus familiares, retenerles los pasaportes ni amenazarlos con retirarles el título si ellos o sus familiares no regresaban.
- Porque si Brasil pagaba el salario completo y de forma directa a los médicos cubanos el Gobierno de Cuba perdía una insustituible fuente de divisas.
- Porque si los médicos eran los que mejor conocían las necesidades de sus servicios en aquel país, se les debió permitir que ellos, por sí mismos, decidieran quedarse o regresar, en lugar de decidirlo el Gobierno sin consultarles.
- Porque la calificación gubernamental de héroes a los que obedecieron la orden de regreso y de desertores a los que permanecieron en Brasil ocultaba, detrás de un falso patriotismo, que la verdadera razón estaba en el parasitismo del Estado cubano.
- Porque se esperaba que el retiro de los médicos tuviera un impacto político negativo para el Gobierno de Bolsonaro, por las decenas de miles de brasileros que quedarían abruptamente sin asistencia médica, especialmente en las zonas rurales.
- Porque si la participación en el programa Más Médicos permitía a miles de médicos cubanos mejorar sus condiciones de vida, era predecible que una parte de los mismos no regresaría.
A pesar de que la retirada se efectuó como una operación militar —sorpresiva y rápida— las deserciones pusieron en tela de juicio la edulcorada versión de la participación voluntaria de los médicos cubanos.
El 9 de diciembre, 5.853 de los 8.332 profesionales de la salud habían regresado a Cuba. Es decir, aproximadamente el 30% de los que cumplían misión desertaron, lo cual puso en evidencia el supuesto carácter "voluntario y altruista" de las misiones gubernamentales, y que la aceptación de participar en las misiones guardaba una relación oculta con los bajos salarios que los profesionales percibían en Cuba (en ese momento eran de unos 34 dólares mensuales como promedio). Por tanto, aunque el Gobierno se quedara con el 75% de Brasil pagaba por ellos, el salario en la misión representaba unos 18 meses de salario en Cuba. Este hecho explica por qué, a pesar de que al incumplir la orden de regreso serían castigados a no volver a su país de origen por un período de ocho años, un porciento tan elevado decidió correr el riesgo, lo que demostró al mundo que se estaba frente a una variante de esclavitud moderna.
La retirada, como lo calculó el Gobierno cubano, dejó sin atención médica a más de 29 millones de brasileños, pero el cálculo de la crisis que Brasil enfrentaría se disipó. En corto tiempo, el Ministerio de Salud de aquel país puso a convocatoria 8.517 plazas. Primero para médicos brasileños y extranjeros con título revalidado, y después para otros médicos, incluyendo a los cubanos. Unos días después, el Ministerio de Salud de Brasil anunció que la mayoría de las plazas dejadas por los galenos cubanos habían sido ocupadas.
La magnitud del jugoso negocio lo confirma el monto recibido por La Habana por los profesionales alquilados: solo en el año 2017, fueron 11.379 millones de dólares, una cifra superior a la adquirida con las exportaciones de azúcar, de níquel y de otros productos. Suma que sirvió para suplir en parte la ineficiencia del modelo económico estatizado y vender la imagen de la disposición de los médicos cubanos de marchar a cualquier parte del mundo para salvar vidas.
Como no existe ninguna transparencia sobre el empleo de esas utilidades, ni las mismas son auditadas, es de suponer que una buena parte fue parar a otros lugares, algo que ahora toma fuerza, al confirmarse los planteamientos hechos con anterioridad por Cuba Siglo XXI acerca de la existencia de un estado mafioso, con la reciente publicación en el Miami Herald sobre 18.000 millones de dólares cubanos depositados en paraísos fiscales.
Después del revés sufrido con el programa Más Médicos, otros se están produciendo en forma de cascada. Entre ellos los más recientes del presente año son:
Washington amplió la política de restricción de visados contra personas que se benefician de lo que califica como "explotación laboral". El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, anunció la restricción de visados a funcionarios del Gobierno de Cuba vinculados a la esclavitud moderna, y a familiares directos de los implicados en esa modalidad. Estados Unidos retiró las visas a varios funcionarios de gobiernos centroamericanos que colaboran con las misiones médicas cubanas. El Gobierno de Guyana anunció que implementará nuevas condiciones para el empleo de profesionales sanitarios cubanos. Bahamas anunció la suspensión del reclutamiento de trabajadores de la salud cubanos y la cancelación de los contratos vigentes, y establecerá contratos de forma directa con el personal sanitario cubano. Trabajadores de la salud cubanos en Angola escribieron a Miguel Díaz-Canel denunciando "el incumplimiento de la forma de pago establecida en el contrato" y reclamando el pago en dólares del monto acumulado durante los años de estancia en ese país.
Finalmente, el pasado 14 de agosto Estados Unidos restringió los visados a dos funcionarios brasileños involucrados en la participación de Cuba en el programa Más Médicos. Y al día siguiente, el 15 de agosto, comenzaron en Angola reuniones con los profesionales cubanos descontentos por la imposibilidad de cobrar en dólares como lo estipulaba el contrato establecido. En estas reuniones —acaloradas— al menos uno de los médicos planteó que demandará a la Corporación Antillana Exportadora S.A. (propiedad de GAESA, sancionada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos), por el robo de sus dólares.
Conclusiones
Aunque el Gobierno cubano insista en parasitar con los servicios médicos en condiciones de esclavitud moderna, el terremoto originado con la retirada del programa Más Médicos marcó un antes y un después. Las continuas réplicas irán en aumento como lo demuestran los acontecimientos citados. El actual Gobierno, o el que le suceda, tendrá que acometer las reformas estructurales correspondientes para obtener otras fuentes de divisas; reformas que tienen que comenzar con le restauración de las libertades ciudadanas conculcadas durante la implantación del actual sistema totalitario.

