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La otra cara de la enseñanza en Cuba: La 'nacionalización'

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La otra cara de la enseñanza en Cuba: La 'nacionalización'

Junio 07, 2022 - 13:20

La Ley de Nacionalización General y Gratuita de la Enseñanza fue una de las piedras angulares del totalitarismo cubano.

El 6 de junio de 1961 el Consejo de Ministros de Cuba promulgó la "Ley de Nacionalización General y Gratuita de la Enseñanza", una de las piedras angulares del totalitarismo cubano.

Los antecedentes

Un conjunto de hechos previos a la aprobación de la Ley facilita la comprensión de sus objetivos, entre ellos los siguientes:

El 13 de enero de 1959 el líder de la revolución declaró a la prensa: "No he sido nunca ni soy comunista. Si lo fuese, tendría valor suficiente para proclamarlo".

La Ley de Reforma Integral de la Enseñanza, aprobada en diciembre de 1959, declaró al Estado "como único organismo con capacidad legal para crear centros de enseñanza", extinguió las escuelas de patronato fundadas por instituciones privadas y prohibió la creación de nuevos centros docentes por este sistema.

Los medios de prensa de la Iglesia Católica fueron clausurados en 1960, y el 16 de diciembre de ese año, Fidel Castro pronunció un discurso en la Universidad de La Habana contra la jerarquía católica.

En 1961, antes del desembarco por Playa Girón, las instalaciones de las organizaciones católicas fueron ocupadas, figuras del clero detenidas y los sacerdotes extranjeros, junto a algunos cubanos, fueron obligados a salir del país, como ocurrió con el rector de las Escuelas Pías de la Víbora, Antonio María Entralgo.

El 16 de abril de 1961, en medio de los ánimos exaltados por el bombardeo aéreo del día anterior —sin mediar una consulta nacional—, el líder de la Revolución expresó: "Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hagamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos!". Es decir, se declaró el carácter socialista de la Revolución.

La nacionalización general y gratuita de la enseñanza

Lo primero es que no hubo una nacionalización, sino una intervención, pues la enseñanza en Cuba no era extranjera.

Entre los por cuantos de la Ley se argumenta que la supresión de la educación privada y el traspaso de sus establecimientos y bienes a propiedad del Estado se realizan porque "en muchos centros de enseñanza se explotaba a los que en ellos trabajaban como maestros y empleados; porque esos centros privados, especialmente los operados por órdenes religiosas católicas, venían realizando una activa labor de propaganda contrarrevolucionaria; que dichos centros favorecían la división de clases y fomentaban el privilegio"; y porque "la Revolución cubana estaba empeñada en poner todos los medios de la educación y la cultura al servicio de todos los niños y jóvenes cubanos, sin distinción ni privilegio". Por tanto, la Ley declaró pública la exclusividad del Estado para ejercer dicha función y el derecho de apropiarse de los bienes, derechos y acciones pertenecientes a los citados centros.

Además, para extender la enseñanza gratuita y obligatoria hasta el noveno grado y llevarla hasta las zonas más apartadas del país no se requería eliminar la escuela privada, sino más bien su existencia como complemento de la escuela pública en ese propósito.

Un ejemplo del papel desempeñado por la enseñanza privada fueron las Escuelas Pías, cuyo lema era "Piedad y Letras". En ellas, como en el resto de los establecimientos docentes religiosos, se aplicaba el Programa Oficial de Enseñanza de la República; mientras a la instrucción religiosa dedicaban dos horas semanales: en la primaria, al catecismo, y en la secundaria, comercio y bachillerato, a la teología. Los libros de texto empleados por estas escuelas eran los mismos de la educación oficial. Se enseñaba y respetaba la historia nacional, las fechas patrias se celebraban solemnemente, lo que coadyuvaba a la formación de ciudadanos comprometidos con su nación, no con una ideología, un gobierno o un partido político.

Los resultados

Desaparecida la enseñanza privada, el derecho natural a disentir fue calificado como propaganda contrarrevolucionaria; la división de clases y el fomento del privilegio regresaron con la red de repasadores privados, a la que no pueden acceder los estudiantes procedentes de las familias de bajos ingresos; y el propósito de poner los medios de la educación y la cultura al servicio de todos terminó con "la Universidad para los revolucionarios". Todo lo cual ha generado un daño antropológico de incalculables consecuencias.

Separados por más seis décadas de la "nacionalización" de la enseñanza, el propósito de educar e instruir desde la ética y no al servicio de un poder, de una ideología o de un partido, ideales presentes desde el padre Félix Varela hasta Enrique José Varona, en Cuba continúa siendo una asignatura pendiente.

Con la sustitución de la educación por la instrucción y la subordinación a una ideología, el civismo se esfumó y el concepto de ciudadano desapareció: un atentado contra la cultura y contra la identidad nacional, entendidas a partir de la definición de Jorge Mañach como "el cultivo de lo humano en el hombre" y por José Ortega y Gasset como "sistema vital de las ideas en cada tiempo".

La Ley de Nacionalización marcó el giro del programa anunciado en el Moncada —por el que lucharon y murieron profesores y estudiantes, incluyendo los que se formaron en las escuelas privadas y religiosas— a una educación monopolizada por el Estado.

El sistema educacional convertido en baluarte del modelo totalitario en 1975 se plasmó en la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba, en la cual la política educacional quedó signada por la concepción marxista-leninista y por los principios ideológicos y morales del comunismo.

De esa forma la revolución, un hecho temporal cuya duración termina cuando la misma se institucionaliza, en Cuba asumió carácter permanente. Los que arribaron al poder por las armas, sin legitimarse por las urnas, se atribuyeron la potestad de decidir por un pueblo desposeído de libertades y de los derechos a poseer propiedades y a la resistencia contra esa imposición.

Dos de los daños ocasionados por la subordinación de la enseñanza al control absoluto del Estado han sido: 1- la conversión del cubano en masa subordinada al poder del Partido-Estado-Gobierno; 2- la expulsión de la enseñanza de los que, por su formación democrática y principios sólidos no se sometieron, fueron reprimidos y/o obligados a abandonar su patria, como se puede comprobar consultando los informes mensuales del Observatorio de Libertad Académica (OLA).

La próxima entrega de esta serie estará dedicada a la desaparición de la autonomía universitaria en Cuba.

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