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Fidel Castro, para no olvidar

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Fidel Castro, para no olvidar

Agosto 13, 2026 - 09:43
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Psicópata, sociópata y narcisista. Dotado de inteligencia y voluntad sin límites, con una persistencia fuera de lo común para lograr sus propósitos.

Hace exactamente cien años un hecho cambió el rumbo de Cuba. Para demostrarlo me detendré en el retroceso sufrido por nuestro país y en el daño causado a su pueblo y a otros pueblos del mundo. Ese día nació Fidel Hipólito Ruz, inscripto años después como Fidel Castro Ruz
 
Su personalidad
 
Psicópata, sociópata y narcisista. Atractivo, cautivador y manipulador, dotado de inteligencia y voluntad sin límites, con una persistencia fuera de lo común para lograr sus propósitos. Tales características, unidas a la carencia de ética y a una intuición felina para eludir el peligro, conformaron el patrón de conducta que lo acompañó durante la vida, persiste después de su muerte, y explica por qué pudo imponerse como jefe de todo y de todos, y convertir a los que le rodearon en ejecutores de sus ideas, ayudantes, o víctimas. Un mal de tal magnitud que ha puesto en tela de juicio el popular refrán: "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista". 
 
Tres subordinados y tres víctimas confirman lo antes dicho. Carlos Bustillo, asaltante del cuartel Moncada, aseguraba que "Fidel podría convencer a cualquier persona para que hiciera cualquier cosa". Gerardo Pérez Puelles, otro de los asaltantes, decía: "tenía una forma de cautivar a la gente que podría reunirse con diez personas y tendría diez reclutas más". Y el comandante Guillermo García, primer campesino que se unió al Ejército Rebelde, dijo al fotógrafo norteamericano Lee Lockwood: "Dejamos a Fidel que piense por nosotros".  

Gustavo Arcos Bergnes y Mario Chanes de Armas, asaltantes del Moncada, fueron condenados respecitvamente a 30 y diez años de prisión por sus diferencias con el giro que tomó el proceso revolucionario. El auditor del Ejército Rebelde y ministro de Agricultura, comandante Humberto Sorí Marín, fue fusilado en 1961. Hechos y condenas contrarias a la que recibiera Fidel Castro después del asalto al Moncada en 1953, condenado a 15 años de prisión y amnistiado a los 22 meses. Durante ese tiempo, estando aún en la cárcel, la prensa de la época publicaba sus artículos antigubernamentales.
 
Su participación en la política
 
Concluido el bachillerato en los colegios católicos La Salle (Santiago de Cuba) y Belén (La Habana), el joven Fidel Castro matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. En sus años de estudios nunca fue electo para ocupar cargos de dirección en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), pero se involucró en aventuras propias de su carácter: la expedición de Cayo Confites, entre julio y septiembre de 1947, dirigida contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo; los suces del Bogotazo en 1948, como consecuencia del asesinato del líder del Partido Liberal de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán; y las bandas gansteriles en Cuba. Ingresó al Partido Ortodoxo, por el cual fue candidato a representante en las elecciones de 1952, que no se llegaron a celebrar. Sus resultados en elecciones parecen guardar relación con su aversión a la vía electoral para acceder al poder.
 
La revolución de 1959
 
En Cuba, como en todos los países, mucho más en los de poco desarrollo, existían desigualdades, deficiencias e inconformidades, pero ni fueron la causa de la revolución ni la situación requería esa salida. La economía de la Isla, que había resultado destruida durante la Guerra de Independencia concluida en 1898, ocupaba en 1958, 60 años después, un lugar cimero entre los países de la región. 

Unos datos son suficientes. La industria azucarera, la primera riqueza del país, había aumentado la producción de 876.027 toneladas en 1902, a 7.298.023 en 1952. La ganadería, segundo renglón en importancia, de 953.911 cabezas de ganado que había en 1902, ascendió a unos seis millones en 1958. El café sobrepasó en 1951 las 32.000 toneladas y, sin embargo, en 2010 su cosecha se había reducido a solo 6.000 toneladas. Fulgencio Batista, en su libro Respuestas… publicado en México en 1960 vaticinó que Fidel Castro "comenzó destruyendo y acabará por destruirlo todo". 
 
La causa de la revolución fue el estado de ingobernabilidad durante el mandato presidencial de Carlos Prío (1948-1952), la corrupción político-administrativa, las bandas gansteriles, los ataques radiales de Eduardo Chibás al presidente de la República. Todo ello en un contexto caracterizado por la herencia de la violencia para dirimir los conflictos sociales y una débil formación cívica resultante de una nación inconclusa y una República con apenas medio siglo de existencia. Factores que propiciaron el golpe de Estado de 1952 y, al siguiente año, el asalto al cuartel Moncada.
 
El asalto
 
El regreso al cauce constitucional, interrumpido con el golpe del 10 de marzo de 1952, no requería del empleo de la violencia. Las medidas anunciadas en el juicio seguido por el asalto al cuartel Moncada fueron la justificación del derramamiento de sangre ocasionado. 

Las cinco primeras leyes anunciadas en su discurso por Fidel Castro fueron luego incumplidas. La restitución de la Constitución de 1940 fue sustituida el 7 de febrero de 1959 por la Ley Fundamental del Estado Cubano, unos estatutos utilizados para implantar el sistema totalitario. Y las elecciones libres y democráticas que, según el "Manifiesto de la Sierra Maestra" (marzo de 1957), se efectuarían en el término de un año, nunca sucedieron. Primero se habló de un "plazo de 15 meses, más o menos", después de "hasta que los partidos políticos estuvieran plenamente desarrollados y sus programas claramente definidos", luego de cuando todos los cubanos supieran leer y escribir, hasta que un Primero de Mayo, el líder dijo: "La democracia directa era mil veces más pura". Es decir, ¿elecciones para qué?
 
El poder
 
Otra de las falsedades anunciadas por él en el juicio del Moncada, fue la siguiente: "Nosotros hemos promovido una rebelión contra un poder único, ilegítimo, que ha usurpado y reunido en uno solo los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la nación". Sin embargo, una vez convertido en gobernante, a los poderes mencionados le añadió el Poder Judicial y asumió todos los cargos decisivos del Estado, el Gobierno y el Partido.

Confiscó todas las propiedades sobre los medios de producción y de servicios, realizó un canje de la moneda en agosto de 1961, con el cual, de un día para otro, los patrimonios acumulados por las familias cubanas se redujeron a 10.000 pesos, de los cuales se les entregaba solo 200 en las manos y el resto a cobrar a razón de 100 mensuales. Comenzó así el empobrecimiento sistemático del pueblo cubano que no se ha detenido hasta hoy.

Con la Ofensiva Revolucionaria de 1968 eliminó los últimos vestigios de propiedad privada en manos de los cubanos, a la vez que implementó una cadena de planes voluntaristas conducentes al sistema de racionamiento más prolongado de la historia moderna (1962-2026). Y en 1976, como colofón, se promulgó una Constitución copiada de la soviética como un traje a la medida hasta declarar en 2002 la irreversibilidad del socialismo, ante el peligro que representó para el poder establecido el Proyecto Varela.
 
Para garantizar la eternidad del sistema impuesto, sustituyó la sociedad civil por asociaciones subordinadas constitucionalmente al poder, monopolizó los medios de comunicación, la enseñanza y la cultura. Como resultado desapareció el ciudadano y el proceso de conformación de la nación, aún concluso, se detuvo.
 
Los efectos 
 
La economía subordinada a los caprichos ideológicos del líder, perdió su naturaleza: desapareció la producción interna, al tiempo que se carece de divisas para comprar en el mercado internacional.
 
Sin una base económica, las medidas populistas de gran impacto en la mente de los cubanos —como la salud y la educación gratuitas— fueron menguando hasta que el desabastecimiento invadió al mercado. Hoy, la ausencia de atención médica y de medicamentos, la ruina de los centros de estudios, las edificaciones; la disminución drástica de la población y una desesperación generalizada por la carencia por la ausencia de servicios tan elementales como la electricidad y el agua, las ciudades y poblados inundados de basura, han regresado a Cuba a una hecatombe que no se compara ni con los peores tiempos de la Colonia. 
 
En febrero de 2008, por razones de salud, Fidel Castro se retiró formalmente del poder, pero continuó ejerciéndolo desde la sombra, como demostraron sus palabras dirigidas contra la visita del presidente Barack Obama a Cuba, negando cualquier posibilidad de mejorar las relaciones con Estados Unidos.
 
Epílogo
 
Apoyado en la débil formación cívica y política de la mayoría de los cubanos, Fidel Castro convirtió al ciudadano en masa, determinó centralmente qué, cuándo y cómo había que hacer cada cosa, arruinó una economía que estaba en crecimiento y condujo al país a la crisis estructural más profunda de su historia: la actual policrisis, con inconmensurables daños materiales y espirituales. 
 
Cien años después de su nacimiento y 67 después de implantar el actual sistema, cualquier juicio que parta de los resultados apunta a su responsabilidad intelectual y material en la destrucción de un país, y en el empobrecimiento de un pueblo: un fenómeno casi único en la historia, que requiere máxima atención. Esta necesidad es insistentemente torpedeada por los aliados ideológicos del castrismo, que insisten en situar la responsabilidad en la política de EEUU, ignorando que el Gobierno que defienden jamás se ha sometido al escrutinio del pueblo, y que es, por tanto, ilegítimo.
 
La policrisis que azota a Cuba se ha agudizado con la actual Administración norteamericana, pero no comenzó con la Ley Ejecutiva de Donald Trump, sino con la eliminación de la propiedad privada y de las libertades ciudadanas, que han conducido al país al punto ya descrito, que ha derivado en una galopante crisis alimentaria, sanitaria y humanitaria sin precedentes.
 
El aporte del castrismo consiste en demostrar en la práctica la imposibilidad de construir un mundo mejor en ausencia de libertades, de participación ciudadana, y de los instrumentos jurídicos correspondientes para hacer valer la soberanía popular; pero sobre todo, su mayor enseñanza, para los cubanos y para otros pueblos, es la necesidad de una sólida formación cívica y política en la sociedad, capaz de impedir que tales desmanes se repitan en la historia.
 
El filósofo y político francés, Benjamín Constant, advirtió: "Por grande, por cuerdo, por vasto que sea el genio de un hombre, jamás deben confiársele completamente los destinos de un país". El caso de Cuba y de Fidel Castro, es la mejor confirmación de un mal que no debe replicarse nunca más.